
A veces me resulta sumamente difícil escribir algo cuando estoy enojado. Siento que mi pecho se hincha de palabras y sentimientos, pero no puedo dejarlos salir todos y hago de mis letras un filtro para poder expresarlos adecuadamente. Por eso talvez este texto no tenga muchísima coherencia entre párrafo y párrafo, pues las ideas se me escapan desordenadas por la indignación, más espero que el mensaje llegue con la claridad necesaria para generar una respuesta que me lleve a un punto aún más alto de discernimiento.
No domino en absoluto los campos que atañen a la política, de hecho, en casi todos los aspectos soy bastante adverso a tratar estos temas, pues usualmente hieren suceptibilidades y la discusión de los mismos, si no se realiza en un ambiente de concordia y crecimiento, en vez de propiciar el crecimiento del espíritu humano, se mancha con reclamos basados en sentimientalismos y pasiones que frustran la intención primaria de llevar, a través del diálogo y las decisiones correctas, el mayor bienestar posible para el ser humano.
Sin embargo, y habiéndome declarado ignorante de este campo, me atrevo a decir que la base de una buena política internacional radica en la comprensión de dos puntos fundamentales:
1. Sea cual sea nuestra nacionalidad, todos no pasamos de ser simples y sencillos seres humanos, y como tal hemos de vernos como hermanos, nunca como extranjeros ni como desiguales.
2. Todos los hombres luchamos a nuestra manera por el bienestar de nuestras familias, comunidades y naciones.
Es por eso que los hechos que se dieron en esta semana, en los cuales el Fiscal General de la República fue tratado como un criminal por las autoridades migratorias de los Estados Unidos de América, no encuentran cabida en mi lógica, y se me hacen más propios de un poder soberbio y rígido, que de una nación benefactora y amante de la concordia internacional.
Así mismo, esta es la razón por la que medí mis palabras con este asunto. No se trata de generalizar y vomitar frases generallizando denominaciones a un pueblo que es digno de admirar. No podemos decir que el estadounidense (porque americanos somos todos los de este continente) responda a las características de sus representantes políticos, pues sería una mentira inmensa. Es más, me atrevo a catalogar a los norteamericanos como gente amante de la paz, luchadora, trabajadora, y en los casos en que he tenido el gusto de tratarlos personalmente, personas de bien y cordiales. Pero estas características de su pueblo, a mi parecer, hace muchísimo tiempo que no concuerdan con las de sus gobernantes, y mucho menos con la política exterior que camufla bajo sus actos de paz y desarrollo, un espíritu de posesión, colonización y esclavitud muy similar al que llevaban sus abuelos en sus pechos mientras masacraron a miles de indígenas para robarle sus tierras, tradiciones y vidas, todo en nombre de el sueño de el hombre blanco.
Pero esas son historias pasadas. Y talvez ya nadie quiera saber que las raíces del mundo entero están llenas con la sangre de los pueblos más débiles que han caído para que los más fuertes puedan crecer y convertirse en potencias. Eso no es secreto para ninguno, pero si es algo que conviene analizar y digerir con el fin de que los errores de generaciones anteriores no se vuelvan a repetir.
Acá es donde entra mi reclamo. Por favor, no nos traten más como aborígenes, que la colonia ya pasó. Ya no usamos taparrabos, ya no lavamos en ríos, y ya nuestros hijos van a la universidad. Hoy más que nunca somos iguales, capaces y hermanos, y en bien de el crecimiento de el mundo entero debemos tratarnos como gente, no como animales ( que incluso los animales merecen respeto, o no??).
Desde cuando acá en nuestro país se le ha negado la entrada a nadie que venga con buenas intenciones? Acá todos son bien recibidos, se les da la mano junto con una sonrisa, porque nosotros no olvidamos que el extranjero más que eso es nuestro amigo, un hermano que nació lejos y que hoy viene a visitarnos. Pero al parecer esto no es recíproco.
Don Francisco, personaje a quien no he de negar admiro (por tener el valor de denunciar reiteradas anomalías en el ejercicio del poder público que nadie antes había osado mostrar), cuenta que en sus estancia en dicho país fue retenido por las autoridades migratorias, las cuales llegaron a interrogarle como un delincuente cualquiera, amén de que ya el mismo había presentado la documentación oficial que lo acreditaba como un representante de nuestro país que se encontraba en Estados Unidos para poder entrevistar a uno de los testigos que podría brindar información vital acerca de el escándalo ICE-Alcatel (en el que curiosamente...muy curiosamente, se encuentran involucrados varios de los políticos más afamados de nuestra querida Costa Rica...que curioso...demasiado, diría yo...).Cualquiera diría que se le estaba impidiendo el ingreso adrede, con intención. Pero eso sería hilar demasiado fino y especular mucho, talvez con mala intención.
Lo que si me parece grave y doloroso, es que se trate de una manera tan baja a un costarricense, cuando acá somos tan cálidos, e incluso hasta tolerantes con las personas que ingresan. Es que acaso se quiere generar una reacción como la que tuvo Brasil hace un tiempo, cuando comenzó a establecer estándares migratorios fortísimos a los turistas norteamericanos como represalia por los que esta nación estableció, y que molestaron sobremanera a los viajeros brasileños?
El hecho de que sea el Fiscal General pasa a un segundo plano. Lo importante acá es el desprecio y como se mira al resto del mundo desde la óptica estadounidense como un grupo de limosneros, un mal necesario para el mantenimiento de el poderío de la bandera estrellada. Y no dejan de tener cierto grado de razón, puesto que si bien ya Estados Unidos no sale a colonizar a la fuerza ninguna región (me disculpo, se me olvidaba cierto país petrolero cargado de armas de destrucción masiva, y la mitad de una isla famosa por su buen tabaco), creo que en buena parte este sentimiento de superioridad es generado por nuestra mediocridad general, nuestra idolatría y dependencia, fruto de el descuido en las políticas de desarrollo que los gobiernos de muchos de nuestros países han implementado.
En dos palabras, no es su culpa el estar cansados de un mundo que solo los busca para pedir dinero y comida, pero de ahí al hecho de tratar al ser humano como basura existe un largo y peligroso trecho.
Otro punto que expuso el Fiscal fue el de cómo en ocasiones anteriores, y violentando nuestra soberanía nacional, Estados Unidos se había atrevido a ofrecer recompensas en suelo costarricense, pasándole por encima a el Ministerio Público. A veces parece que se les olvida que están en casa ajena, y que se debe respeto a la misma.
Bruno Stagno, canciller a quien malquiero por la bofetada que se le dio en conjunto a Taiwan hace un tiempo, se lava la cara conmigo un poco tras la reacción que tomó al conocer del caso, pues con todo el valor y aplomo de un buen costarricense, no dudó en comunicar su disgusto con frases sencillas y coherentes que llegaron por un comunicado oficial a las autoridades norteamericanas.
Las mismas respondieron negando los hechos, alegando procedimientos de rutina que a mi parecer de rutina tienen lo que yo de rubio y ojos azules.
Que nos queda ahora?? Pues esperar que por el bien de la mayoría, este asunto quede atrás prontamente y sin ninguna consecuencia. Y que ojalá pequeños detalles como estos despierten un poquito la dormida conciencia del pueblo, y de alguna u otra forma nos enorgullezcamos de vivir en este precioso país. No es cuestión de ser Troskos (que vienen siendo como los Emos de la política nacional), ni tampoco ser ciegos adoradores del consumismo norteamericano (que vendrían siendo como los chicos Tommy Hilfiger de la U Latina). Es simplemente cuestión de ser Ticos y sentirnos orgullosos de ello.
Nada se gana insultando, que ahí es donde nos rebajamos y quedamos peor que antes, y dolidos por la ira.
Pero de que ese asunto me resulta muy sospechoso y coincidente, júrenlo.
NOTA
- Para aspectos de consulta, y poder informarse adecuadamente acerca de el suceso anteriormente mencionado, se pueden revisar las páginas 4 y 5 A de la Nación de el sábado 26 de abril del año en curso, o bien ingresar a el sitio www.nacion.com







